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Entre la agresividad y el retraimiento

Habilidades sociales en niños y adolescentes en la era del individualismo: entre la agresividad y el retraimiento.

El ser humano es sociable por naturaleza; pasa gran parte del tiempo en interacción con otras personas. La capacidad para relacionarse de un modo mutuamente satisfactorio es una fuente de satisfacción y bienestar personal que cobra relevancia en la niñez y adolescencia.

Mientras en el siglo pasado se insistió en la importancia de la inteligencia, expresada en el denominado cociente intelectual (CI), en los últimos treinta años, diversas investigaciones detectaron que dicho CI evaluado en niños y adolescentes podía predecir escasamente la calidad de vida cuando éstos llegaran a la adultez. En cambio, se pudo comprobar que otros tipos de habilidades, denominadas habilidades sociales, o habilidades de interacción social eran mejores predictores del “éxito en la vida cotidiana”. En mi caso, prefiero hablar de calidad de vida, antes que de éxito. De allí es que se desvió el foco de los estudios desde las habilidades cognitivas a las sociales. Este giro constituyó un gran avance, ya que se había endiosado y sobredimensionado al CI, y eso tuvo repercusiones muchas veces negativas en niños y adolescentes con dotaciones moderadas.

Aunque es un campo complejo y existen muchas definiciones, casi todos los investigadores coinciden en que se trata de la capacidad de un niño/adolescente para vincularse con otros – pares o adultos -, de un modo mutuamente satisfactorio. Debe poder expresar sentimientos, deseos u opiniones de un modo adecuado a la situación, respetando a su interlocutor como un sujeto de derechos. Tales comportamientos sociales son útiles en la resolución de problemas inmediatos y en la prevención de otros problemas futuros.

Las habilidades sociales, a las que estamos haciendo referencia se aprenden, primero en el entorno familiar, luego en el escolar y complementariamente en el contexto social. Otra característica es que son muy sensibles al contexto. Así, el modo de vinculación de dos compañeros no será igual en el aula, en presencia del profesor, que en una situación de recreo.

¿Por qué han cobrado tanta importancia en el campo de la Psicología, la Sociología y la Pedagogía las Habilidades sociales? En gran parte, porque es cada vez más frecuente la presencia de disfunciones en dichas habilidades. Es creciente la consulta psicológica y la preocupación de padres y profesores por comportamientos agresivos, que pueden llegar a la violencia o, en el polo opuesto, niños y adolescentes inhibidos, retraídos y con signos de aislamiento. Agresividad o aislamiento constituyen una realidad social emergente y un reto para los profesionales de la salud. Es necesario poder identificarlas oportunamente, para poder intervenir y modificar tal disfunción.

Si hemos planteado que las habilidades sociales se aprenden, la pregunta central se refiere a ¿Cómo se van configurando desde el nacimiento del bebé y a lo largo de la infancia y adolescencia los modos de interacción saludables que impidan llegar al estilo disfuncional como es la agresividad o el retraimiento?

Inés Monjas Casares, especialista española en el tema, puntualiza que clásicamente se ha enfatizado en la vinculación madre-hijo. Sin desconocer su importancia, en sus investigaciones analiza pormenorizadamente las funciones que cumple la relación con los pares en el logro de Habilidades sociales saludables. Afirma que permiten el conocimiento de sí mismo y de los demás; el desarrollo de comportamientos que denomina de reciprocidad, esto es, la posibilidad de apreciar lo que se da y lo que se recibe. Alude también al intercambio en el control de la relación, con lo cual quiere significar que el niño/adolescente aprende que en ocasiones él lidera una situación y, en otras, le corresponde hacerlo a un par. Otras funciones que destaca como esenciales son las de colaboración, es decir la posibilidad que tiene un niño de trabajar con otros niños, facilitando la tarea en común; las estrategias sociales de negociación y de acuerdos; autocontrol de la propia conducta en función de la respuesta que recibe de los otros.

Agrega que la relación con los iguales opera como apoyo emocional y como fuente de disfrute. Por último destaca que hace posible el aprendizaje del rol sexual y el aprendizaje de valores.

Finalmente, destacamos que se ha podido comprobar en numerosas investigaciones la existencia de relaciones entre el desarrollo de habilidades sociales en la infancia y adolescencia y el ajuste social, psicológico y académico en la vida adulta. Constituyen de este modo un recurso indispensable para la inclusión del niño/adolescente en su grupo de referencia; operan como un factor protector. Puede afirmarse que la salud integral tiene fuertes conexiones con la amplitud y solidez de las redes de apoyo social que se construyen en dicho grupo, que permitan hacer el paso de competir a cooperar. Estos constituyen fuertes argumentos para promover su desarrollo –o el cambio si hubiera disfunciones – tanto en el ámbito familiar, como escolar, comunitario, o como ejes de un abordaje psicoterapéutico. En un mundo signado por el individualismo, el narcisismo y la rivalidad de unos contra otros, estos planteos resultan un desafío para todos los actores sociales involucrados con la salud de niños y adolescentes.

Dra. Evangelina Norma Contini
Prof. Titular Evaluación y Diag
Psic. Infanto Juvenil. Investigadora
Facultad de Psicología
Universidad Nacional de Tucumán. Argentina