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Violencia y Sociedad. La Escuela, su nuevo Escenario

Me llevó a reflexionar sobre este tema Mario Goldenberg quien en una de sus conferencias refiere al “Lazo social y Violencia”. Creo que hablar de violencia escolar es tratar de enmascarar y negar una problemática social, y por otro lado me pareció interesante contrastarlo con el sistema capitalista y el rol que cumplen a merced de este, los medios masivos de comunicación.

Estamos parados frente a una sociedad que consume espectáculo. Una fragmentación de los lazos sociales que termina despertando violencia.

Por último, trayendo a escena a Fernando Ulloa, deslizo los conceptos de encerrona trágica y ternura, como posible abordaje de la violencia social reflejada hoy en las escuelas.

Sociedad, Capitalismo y medios de comunicación

Lo que en cada sociedad se presenta como violento no es otra cosa que lo que ella instituye, delineando así sus cercos, como lo intolerable, lo negativo y hasta anormal. A cada momento histórico le corresponde, entonces, un modo particular, un dispositivo sociocultural de expresión e institución de lo connotado como violento.

Atravesamos una pérdida y carencia de valores como el de la solidaridad, respeto por el otro, donde nuestro par es dejado a un lado como sujeto de deseo y es tomado como objeto a usar, disfrutar y “gozar”. Así, la violencia ocupa un lugar central en el escenario social, volviéndose un fenómeno cotidiano naturalizado, pues ya no sorprende. Esto pasa porque se ha instalado una profunda fragmentación de los lazos sociales, una crisis y declinación de los ideales. La fuerte apatía y la gran paranoia que produce el encuentro con el otro, generan un marco adecuado para la aparición de la violencia.

Freud (1978) en Psicología de las Masas, plantea que la identificación al líder o a un ideal común, hace masa. El paradigma de Freud es el paradigma del sacrificio, en el que el Superyó comanda la renuncia pulsional. El paradigma actual, es el paradigma de la diversión bajo la lógica capitalista. Ya no se trata de un Superyó que comanda la renuncia pulsional, sino que manda a gozar sin renunciar a nada, pero bajo la forma del consumo y de la diversión. En este punto es donde aparece la violencia, no importan los ideales. Lo que importa son los productos que ofrece el mercado. Tal como dice Mario Goldenberg (2008), las marcas del mercado no constituyen una masa, no hay lazo entre los consumidores. Al declinar los ideales, aquello que funcionaba como un modo de regulación del goce, produce dispersión y esto genera una ruptura de los lazos sociales despertando la violencia actual. La violencia tiene que ver justamente con esto, con una ruptura de lazos, con la declinación de la autoridad. El autor dirá que es importante saber diferenciar sujeto, ciudadano y consumidor. El ciudadano tiene algo en común con los otros, comparten ideales, con el consumidor no pasa lo mismo. Así estamos frente a una sociedad que sostenida por el sistema capitalista perverso, no hace más que borrar subjetividades, creando más consumidores que ciudadanos.

Por otro lado los medios de comunicación no hacen más que convertir a este problema tan grave en un espectáculo que se consume. Así es que los adolescentes a la hora de hostigar a su blanco, filman la escena, fascinados por “el show”, lo suben a internet para ser consumido, y terminan oficiando de marioneta mediática para captar al espectador.

La cobertura mediática en nuestra sociedad actual, hace de la violencia en las escuelas, un espectáculo que no invita a una discusión seria sobre el asunto. Hoy es el amo mediático el que administra y regula la información, es él el que decide qué decir y qué mostrar. Por eso es que creo que la violencia en las escuelas es un reflejo de la violencia social que se vive hoy, porque se consume violencia como diversión, como esa forma que encuentran los adolescentes de introducirse al sistema. Sin embargo, estos actings no son más que las fallas del mismo y un llamado a la intervención de la autoridad, de la ley simbólica.

¿Por qué violencia y no agresividad?

La agresividad que trabaja Lacan (2003) en sus cinco tesis “La Agresividad y el Psicoanálisis”, nos dirá que la agresividad está situada en un plano imaginario diferente de la violencia que pertenece al orden simbólico. La agresividad por ello no es un síntoma social, sino que es estructural, es decir, aparece en el estadio del espejo frente a la fragmentación corporal, como la respuesta de separación del sujeto de la imagen que lo aliena. Dirá que se estructura el narcisismo y se origina el yo. La agresividad opera con la imagen, no con la realidad. Es por el complejo de Edipo, que funciona poniendo orden y distancia con respecto al otro, ordena las identificaciones imaginarias aunque eso no extingue la agresividad. La atemperación del narcisismo sobre la base de la intervención del Ideal del yo es porque éste le aporta un emblema. Y ello atempera la agresividad imaginaria. J. Miller brinda una reflexión de la quinta tesis de Lacan sobre el papel de la agresividad en el malestar de la cultura: “En los tiempos anteriores, el hombre estaba más vinculado a la comunidad, a los demás, en los ritos ceremoniales, en la vida en común, la familia extendida restringía la agresividad. Y cómo la civilización moderna, en cambio, aísla al individuo y pone en evidencia su yo, esto refuerza su paranoia estructural” (Fundación Freudiana de Medellín, 1991, p.14).

La agresividad se mantiene y se despliega de acuerdo a la moral de la época. Así es valorada en la cultura bajo la forma de competencia en la empresa, en la Universidad, en las escuelas, en el desempeño diario. La agresividad no puede moverse en una forma cruda, sino velada, envuelta incluso en cortesía.

El filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek (1995) nos hablará por un lado, de la violencia subjetiva “…aquella que aparece de un modo visible y ejecutada por un agente que podemos definir al instante”. Se percibe como tal, en contraste con un nivel cero de violencia, perturbando un estado pacífico y conservado. Žižek nos dirá que una lectura más lúcida de tal fenómeno, seria tomar a la violencia subjetiva como lo más visible y adentrarnos en el análisis de la violencia que opera en la trama configurada por la estructura social y que condiciona, en gran parte lo que termina saliendo a escena, lo que se ve. Por otro lado, nos hablará de la violencia objetiva como aquella que es invisible e inherente al estado de cosas normal: “son las consecuencias del funcionamiento homogéneo de los sistemas económicos, políticos, culturales”, las más sutiles formas de coerción, que imponen relaciones de dominación y explotación, incluyendo la amenaza de violencia. Es decir, es la contraparte de la violencia subjetiva y es ella la que puede dar cuenta de aquello que se presenta como acto manifiesto de violencia. Podemos pensar entonces, que los efectos devastadores de agresividad que vivimos cotidianamente en nuestra sociedad, quizá respondan en gran medida al modo de ser que ésta se da para sí en nuestra época; a la reacción producida ante cierta estrategia capitalista que procura, entre otras cosas, borrar las diferencias, homogeneizar y universalizar los modos subjetivos que en su particularidad son profundamente diversos.

Bullying o Violencia social

Mario Goldenberg (2008) nos dice que si bien la violencia antes aparecía en un marco educativo, donde el castigo formaba parte del dispositivo, hoy se presenta de forma inversa, como un desafío a la autoridad.

Si recortamos la escena de una niña asesinada por sus compañeras por el sólo hecho de ser bonita; o jóvenes que destruyen a golpes su aula, filman este acto y luego suben el video a internet; si sólo focalizamos nuestra atención en el niño que asesina a decenas de personas en el contexto escolar, o en aquel otro que golpea a su maestra porque no lo ha aprobado en el examen. Si decidiéramos recortar de su contexto estas escenas, de tomarlo como algo aislado y reducir nuestro análisis a las mismas, creo que lo único que conseguiríamos es reforzar la violencia ya instalada. Pues categorizar y patologizar esta problemática social bajo la expresión de bullying no es más que un diagnostico estanco. Creo que lo adecuado aquí seria el pasaje de bullying a violencia escolar, como síntoma social. Tomar la violencia subjetiva visible dentro de toda una trama social. Pues hablar de una violencia escolar no hace otra cosa que enmascarar y reforzar lo instalado.

Crueldad escolar vs Ternura

El dispositivo de la crueldad para Ulloa (1999) está con- figurado por la encerrona trágica. Esta encerrona cruel es una escena en la que se ponen en forma sólo dos lugares, sin espacio ni lugar para un tercero de apelación- tercero de la ley, de la autoridad – sólo la víctima y el victimario. Y es lo que justamente se vive en las escuelas. Si revisamos el fenómeno del bullying, es un vínculo de la víctima y victimario, donde los espectadores no intervienen sino que permanecen en siniestro silencio.

La encerrona trágica se da cada vez que alguien, para dejar de sufrir o para cubrir sus necesidades elementales de alimentos, de salud, de trabajo, de lazo, etc., depende de alguien o algo que lo maltrata, sin que exista un terceridad que imponga la ley. En ella prevalece el “dolor psíquico”, un sufrimiento que produce desesperanza de que las condiciones de intimidación alguna vez se transformen.

Lo complejo de este asunto, dirá Ulloa, es que lo esencial de la crueldad aparece velado por el acostumbramiento. Se convive cotidianamente con lo cruel y muchas veces en connivencia, sobre todo cuando esta palabra, alude a ojos cerrados y a un guiño cómplice. Legalizan esa situación cruel desde la indiferencia. Generan una nueva modalidad de lazo con el otro y normalizan sus efectos. Frente a esto, sitúa la ternura como “escenario formidable donde el sujeto no sólo adquiere estado pulsional, sino condición de ética” (Ulloa, 1999). Así, donde la crueldad deja afuera la intervención de un tercero (declinación de los padres, de los docentes, de sus semejantes), la ternura no hará mas que incluirlos.

Ya Freud nos decía que el amor inhibe la agresión. La ternura se nutre de dos fuentes: por un lado, la “empatía” que garantiza el suministro de lo necesario para el niño. La segunda producción es el “miramiento” en su significado de mirar con considerado interés, con afecto amoroso, a quien habiendo salido de las propias entrañas, es reconocido sujeto distinto y ajeno, así permite instituir el reconocimiento del sujeto y su deseo. Es más, el miramiento acota la empatía para evitar sus abusos. La ternura supone tres suministros básicos: el abrigo, el alimento y el “buen trato”.

Con esto lo que intento es poder llevarnos a una reflexión de lo que a veces sin darnos cuenta, somos participe como ciudadanos que somos. Como psicólogos y analistas cuya herramienta primordial es la palabra y la escucha, poder generar espacios de nuevos discursos, nuevos lazos sociales que contengan empatía y un miramiento al otro, abandonando la indiferencia por el padecer de nuestro semejante. Invitar a los adolescentes a participar e inventar nuevos modos de relación con el Otro, ya que sin ir más lejos quizás estos chicos no hacen más que reclamar y un llamado a otro que por estos tiempos ha declinado, se ha dormido.

Autora

Fernanda del Rosario Soruco, Psicóloga
Integrante de la Comisión Emergencia y Catástrofe de CPT.