Es propósito abrir un espacio de breves reflexiones para repensar y descubrir la importancia de nuestro Código de ética en el ejercicio cotidiano de la Psicología.

¿Qué pasa si mi paciente me obsequia un regalo? ¿Tiene incidencia en el tratamiento? ¿Puedo comentarlo públicamente? Es una manifestación de afecto o agradecimiento?¿Puedo promocionar mis servicios profesionales con éstos “logros”?

El código de ética nos señala:

CAP. II: RESPONSABILIDAD EN LA RELACIÓN CON LOS CONSULTANTES

3. 2 No permite que sus necesidades personales intervengan en el ámbito de su ejercicio profesional.

3.3 No establece relaciones que desvíen o interfieran los objetivos por los que fueron requeridos.

3.5 Recibe sólo los honorarios convenidos como retribución por su práctica.

Nuevamente S. Freud nos ilumina sobre éste punto; en “Puntuaciones sobre el amor de transferencia “ (1925) nos dice: “¿De qué modo debe comportarse el terapeuta para no fracasar? Jamás tiene derecho a aceptar la ternura que la paciente le ofrece ni a responder a ella. Al contrario, debería considerar llegado el momento de abogar por el reclamo ético…” “Motivos éticos se suman a los técnicos para que el terapeuta se abstenga de consentir una relación afectiva con la enferma” …

Cuando recibimos un obsequio de un paciente, éste debe enmarcarse en la transferencia, analizándolo desde dicho lugar  y por lo tanto recordemos que entra dentro del secreto profesional.